Evolución tecnológica y desafíos regulatorios en el sector financiero: FinTech, RegTech y SupTech en la República Dominicana

Joan Bisonó — 2025-07-11T09:00:00.000Z

Fintech & Regulación · Fintech · RegTech · SupTech · Regulación Financiera · República Dominicana · Open Finance

Evolución de FinTech, RegTech y SupTech en República Dominicana. Desafíos regulatorios, supervisión financiera y marco normativo del sector.

La tecnología evoluciona constantemente, y las herramientas y sistemas que se utilizaban en el pasado difieren significativamente de los que se emplean en la actualidad. En virtud de una sociedad en constante movimiento, cambio y evolución, los avances tecnológicos han superado lo que otrora se consideraba imposible. El desarrollo e implementación progresiva de instrumentos digitales han iniciado un proceso de resolución de problemáticas de tal magnitud, que la eficiencia en procesos cotidianos se ha incrementado de manera exponencial. En esta sociedad moderna, donde la tecnología es la piedra angular, son cada vez más las herramientas a disposición del público que pueden ayudar y aumentar la productividad en su vida diaria.

El capitalismo ha propiciado transformaciones fundamentales gracias a la innovación, que actúa como un verdadero catalizador del crecimiento económico. Según la teoría económica contemporánea, el progreso tecnológico no es un fenómeno marginal, sino el núcleo fundamental que impulsa la expansión y adaptación de las economías globales (Baumol, 2002). Los especialistas en economía han documentado exhaustivamente cómo la innovación tecnológica funciona como un mecanismo de transformación estructural. Esta dinámica no solo incrementa la productividad, sino que genera ecosistemas económicos completamente nuevos, redescubriendo constantemente los límites de lo posible (Kogan et al., 2012).

Se presenta un patrón característico en cuanto a esta evolución tecnológica: no se desarrolla de manera uniforme o predecible, sino que emerge en ciclos disruptivos. Todas estas transformaciones han sido producto de la globalización mundial, el aumento de la competencia de los clientes, y el crecimiento exponencial de la tecnología (Manasov et. al, 2018). Cada ola tecnológica representa una verdadera revolución que redefine los paradigmas de conocimiento, producción y organización económica, generando transformaciones profundas y no lineales en los sistemas socioeconómicos (Laitner & Stolyarov, 2003).

El sector financiero se ha consolidado como líder en esta revolución tecnológica, sobresaliendo por su notable capacidad de adaptación y receptividad hacia las innovaciones de estas. Cada sector económico incorpora tecnologías según sus necesidades específicas, y el financiero destaca como uno de los ejemplos más representativos. Esta revolución ha transformado profundamente el panorama financiero, dando origen al fenómeno denominado FinTech, acrónimo en inglés para tecnologías financieras o financial technologies. Este término, más que un simple acrónimo, representa una verdadera revolución en la manera en que se conciben los servicios financieros.

Las FinTech representan mucho más que simples herramientas tecnológicas: son agentes de transformación que revolucionan la forma en que se ejecutan y conciben los servicios financieros. Desde la automatización de procesos rutinarios hasta la implementación de sistemas de toma de decisiones cognitivas complejas, estas innovaciones tecnológicas están redefiniendo los límites tradicionales del sector financiero (Das, 2019).

La materialización de estas tecnologías en la vida cotidiana es ya una realidad tangible. Los consumidores pueden realizar operaciones financieras que hace una década parecían impensables: depositar cheques mediante dispositivos móviles, solicitar créditos sin intermediación presencial, ejecutar transferencias instantáneas o acceder a servicios de asesoramiento financiero automatizado.

En un ámbito más amplio, las FinTech, por definición, fungen como las diversas herramientas utilizadas para automatizar procesos en el sector financiero, desde tareas rutinarias y manuales hasta la toma de decisiones no rutinarias y cognitivas (Das, 2019). Estas tecnologías consisten en el “conjunto de innovaciones financieras con la capacidad técnica para producir nuevos modelos de negocio, aplicaciones, procesos o productos que tienen un efecto material asociado a los mercados e instituciones financieras y a la prestación de servicios financieros” (García-Ochoa Mayor & Puente González, 2017). Hoy en día se pueden observar varias aplicaciones de FinTech dentro de lo que son actividades y operaciones financieras, como ingresar un cheque con el smartphone, saltarse una sucursal bancaria para solicitar un crédito, transferencias de dinero, o los robo-asesores.

El sector FinTech brinda las tecnológicas revolucionarias clave en la gestión de los procesos financieros (Alt et al., 2018). Startups y grandes empresas tecnológicas (BigTech) comenzaron a integrar servicios financieros avanzados en sus ecosistemas (Monroy & Corredor, 2019), proporcionando soluciones de vanguardia como Amazon y Apple Pay, por nombrar algunos ejemplos. La razón fundamental detrás de la expectación e investigación en torno a las FinTech radica en su capacidad para reemplazar a los intermediarios tradicionales en la oferta de servicios financieros (Thakor, 2020b).

El ecosistema FinTech no se limita exclusivamente a un tipo de empresa, sino que está conformado por diversos actores con características distintivas. En primer lugar, encontramos las Startups, entidades emergentes constituidas en la última década que desafían a la banca tradicional mediante servicios financieros tecnológicamente avanzados, caracterizados por costes reducidos, mayor agilidad y una eficiencia centrada en la experiencia del usuario (Touriño, 2022). Paralelamente, las BigTech que han penetrado estratégicamente en el sector financiero aprovechando su extensa base de usuarios activos y el capital reputacional derivado de su reconocimiento global (Touriño, 2022). Finalmente, las Incumbents o Fintech institucionales, instituciones financieras tradicionales que se han visto impelidas a emprender procesos de transformación digital para adaptarse al nuevo paradigma competitivo instaurado por el fenómeno FinTech (Touriño, 2022).

La relación entre finanzas y tecnología se remonta a la creación y puesta en marcha de infraestructuras sistémicas al servicio de las necesidades públicas y privadas. Comúnmente se le atribuye sus inicios al año 1866 con el establecimiento del primer cable telegráfico transatlántico (Arner et al, 2016a), a menudo denominado la "Internet victoriana"; autores como Alt, Beck, & Smits (2018) hacen alusión al comienzo de la FinTech a principios del siglo XV con la creación de la moneda como sustento de valor. Esto se debe a que la mayoría de las innovaciones tecnológicas tuvieron lugar en el hemisferio occidental. No obstante, también surgieron desarrollos relevantes en países emergentes o de renta media, como lo evidencian los casos de M-Pesa en Kenia y Yue Bao en China (Setiawan y Maulisa, 2020). Por tanto, el origen de estas innovaciones puede variar dependiendo del autor al que se haga referencia.

A pesar de esto, es innegable que, según se observa en la literatura, la globalización nace del inicio de la comunicación instantánea, sentando las bases de la expansión mundial de los mercados y la infraestructura básica de todo intercambio financiero. Tecnologías como el telégrafo, el ferrocarril y los barcos de vapor jugaron un papel clave en el fortalecimiento de las conexiones financieras internacionales (Arner et al., 2016a; Setiawan & Maulisa, 2020) todo debido a que fungieron para el desarrollo de la globalización. Después de la Primera Guerra Mundial, los avances tecnológicos se aceleraron, y para ese momento ya existía una red global de télex, que proporcionó la infraestructura de comunicación necesaria para el desarrollo de la siguiente etapa de la tecnología financiera (Arner et al., 2016a).

Las telecomunicaciones no solo han hecho posible la globalización del mercado, sino que también han transformado significativamente la forma en que se intercambia la información, evolucionando de la mano de los avances tecnológicos (Arner et al., 2016a). Esta sinergia ha dado lugar a conceptos conocidos como Open Finance. Este modelo, característico de las FinTech proporciona un marco que habilita tanto a consumidores como a empresas para acceder y compartir sus datos financieros con terceros autorizados. Estos terceros, siempre con el debido consentimiento, pueden utilizar dicha información para desarrollar productos y servicios financieros innovadores (Mothibi et al., 2020; Martínez Mora, 2023; Matos Tapia, 2025).

Al igual que el panorama del mercado en general, que evoluciona a través de cambios tanto graduales como drásticos, la tecnología financiera ha experimentado un desarrollo gradual. La literatura contemporánea sobre la evolución de las FinTech sugiere que las tecnologías financieras tienen una herencia más larga que el propio término "FinTech" del 2008. Sus orígenes suelen remontarse a la expansión de Internet con la World Wide Web (www), pero la realidad es que se reconocen las tecnologías financieras análogas que empezaron a dar forma a la industria ya a mediados del siglo XIX, también conocidas como las FinTech de Infraestructura. Sin embargo, una perspectiva histórica podría comenzar incluso antes, con la aparición de las instituciones financieras (Alt et al., 2018). Se ha sentado como base que su progresión puede clasificarse en distintas etapas: FinTech 1.0 (Infraestructura), FinTech 2.0 (Bancos), FinTech 3.0 (Startups), FinTech 3.5 (Mercados Emergentes) y FinTech 4.0 (Web3 y Finanzas Descentralizadas).

Las FinTech prometen innovación y crecimiento económico a través de la disrupción de los negocios de servicios financieros tradicionales, pero también plantean un importante desafío al paradigma regulador (Arner et al., 2017b). Los mercados emergentes confluyen para generar un ecosistema propicio para la innovación FinTech: la expansión acelerada de la penetración de teléfonos inteligentes, las limitaciones e ineficiencias de los sistemas financieros tradicionales y las transformaciones en los patrones de comportamiento de los consumidores configuran un terreno particularmente favorable para el desarrollo de soluciones tecnológicas financieras (Arner et al., 2017a). De cara a esto, los reguladores deben garantizar la estabilidad financiera, la protección del consumidor y la integridad del mercado en un entorno cada vez más complejo y dinámico.

El resultado global observado hasta la fecha evidencia un proceso evolutivo de innovación regulatoria que abarca tanto la implementación de soluciones tecnológicas en el ámbito de la supervisión, mediante el uso de SupTech (tecnología supervisora) y RegTech (tecnología reguladora), como también modificaciones sustanciales en los marcos normativos preexistentes (Arner et al., 2017b). Estas herramientas tecnológicas han surgido como una respuesta directa a las deficiencias operativas identificadas en los sistemas regulatorios tradicionales (Papantoniou, 2022).

Con frecuencia, al abordar las tecnologías aplicadas a la regulación y supervisión del mercado financiero, las SupTech y RegTech se referencian no de forma aislada sino complementaria. Esta correlación deriva de que las soluciones RegTech facilitan a las entidades la automatización de procesos, optimización de eficiencia operativa, reducción de costos y administración de riesgos en materia de compliance. Entre las tecnologías que sustentan estas soluciones se identifican la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje automático (ML), el análisis de datos masivos (big data) y la tecnología de registro distribuido blockchain (Papantoniou, 2022), adaptadas a instrumentos específicos como auditoría inteligente, sistemas avanzados de gestión de riesgos y automatización de funciones administrativas (Superintendencia de Bancos, 2024).

Conforme se ha establecido previamente, la RegTech constituye un mecanismo de adaptación del compliance al entorno tecnológico contemporáneo, siendo implementada prioritariamente por "instituciones financieras como bancos, aseguradoras y empresas de servicios financieros" (SIB, 2024). Estas herramientas se configuran como instrumentos destinados no a los entes reguladores, sino a los sujetos regulados. El uso de la RegTech busca mejorar los resultados del cumplimiento PLAFT, incrementar las capacidades de gestión de riesgos y generar conocimientos estratégicos para optimizar la toma de decisiones. Consecuentemente, tanto el regulador como las empresas invierten en RegTech con el fin de ahorrar tiempo y reducir costos, liberando así recursos que previamente se destinaban a las actividades de cumplimiento (Bakker et al., 2023).

En contraste, las SupTech representan soluciones tecnológicas dirigidas a los "reguladores, supervisores y autoridades financieras" (SIB, 2024), las cuales persiguen optimizar la metodología de supervisión financiera aplicable a las entidades reguladas. Dichas tecnologías asisten al regulador y supervisor financiero en su labor de fiscalización del sector, mediante el monitoreo sistemático de las instituciones financieras, la identificación temprana de riesgos sistémicos y la verificación del cumplimiento normativo, instrumentalizado a través de la "digitalización de los procesos de supervisión como la creación de metodologías y herramientas, y la integración de herramientas sofisticadas como inteligencia artificial (IA)" (SIB, 2024).

Utilizado e implementado conjuntamente en el ecosistema financiero, la RegTech y SupTech facilitan la automatización de procesos de cumplimiento y supervisión, así como la compilación y el análisis de datos relevantes tanto para reguladores como para empresas. Estas tecnologías, a menudo basadas en la nube, emplean interfaces de programación de aplicaciones (APIs) para optimizar la gestión de datos, lo que a su vez agiliza el flujo de trabajo del cumplimiento, la toma de decisiones y la elaboración de informes (Bakker et al., 2023). Las referidas herramientas tecnológicas facultan a los organismos reguladores obtener una visión integral sobre las operaciones y conductas de las entidades supervisadas, garantizando así la protección efectiva de los derechos del consumidor financiero, la preservación de la competencia mercantil, el fomento de la inclusión financiera, el fortalecimiento de la ciberseguridad, así como la adecuada supervisión de los mercados de capitales e inversiones, del sector asegurador y de los sistemas de pagos digitales, entre otros ámbitos relevantes del ecosistema financiero (SIB, 2024).

Si bien los principales objetivos regulatorios (la estabilidad financiera, la seguridad y la solidez prudencial, la protección del consumidor y la integridad del mercado, y la competencia y el desarrollo del mercado) siguen siendo los mismos, los medios para aplicarlos son cada vez más inadecuados (Arner, et al., 2016b). La divergencia regulatoria constituye una consecuencia directa del acelerado progreso tecnológico. A pesar de esto, "conviene tener en cuenta que la innovación en sí misma no suele ser un objetivo de la regulación financiera, ni suele encontrarse entre los mandatos generalmente impuestos a los reguladores financieros" (Guerra Martínez & Remolina, 2024).

Dicho lo previo, la vertiginosa evolución de las innovaciones imposibilita que los marcos normativos convencionales, caracterizados por su naturaleza estática, evolucionen a un ritmo equivalente, creando tanto una carga para los reguladores como para las instituciones financieras (Papantoniou, 2022). Un paradigma regulatorio puede considerarse pertinente en determinado momento, pero súbitamente se torna obsoleto ante transformaciones tecnológicas disruptivas que reconfiguran nuestras concepciones previas. Este intervalo temporal entre la obsolescencia de normativas vigentes y la implementación de nuevas disposiciones representa una problemática significativa que la SupTech pretende abordar mediante soluciones especializadas, debido a que "la tecnología tiene la capacidad de potenciar las funciones del sistema financiero y, con ello, en última instancia, la mejora del bienestar de los ciudadanos" (Gurrea Martínez & Remolina, 2024).

El presente trabajo de investigación abordará, desde un enfoque dual, la convergencia y coevolución de las FinTech y las SupTech examinando la relación simbiótica que define el nuevo paradigma del ecosistema financiero, tanto en el ámbito nacional como en perspectiva comparada. Se emprenderá un análisis de la trayectoria histórica de ambas vertientes: desde los orígenes de la infraestructura financiera global (FinTech 1.0) y sus correspondientes mecanismos de supervisión análogos, hasta la etapa actual, caracterizada por la irrupción de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial y el blockchain (FinTech 4.0), las cuales demandan, de manera inexorable, herramientas SupTech de igual sofisticación.

A partir de este análisis, se argumentará que el marco regulatorio vigente en la República Dominicana presenta un carácter fragmentado y excesivamente riguroso. Para efectuar este análisis, se hará una distinción entre las FinTechs empresariales y las FinTechs institucionales. Se expondrán las problemáticas de la regulación actual, siendo, por un lado: la restricción a la competencia y como frena la innovación dentro del sector FinTech y, por otro, como se inihibe la capacidad de los propios entes reguladores para adoptar e implementar con agilidad las soluciones SupTech. Se examinará cómo la sobrerregulación, concebida para modelos de negocio tradicionales, se erige como una barrera de entrada para las FinTech empresariales (especialmente las startups) y su peso en las FinTech institucionales, afectando la libre competencia consagrada en la Constitución.

En este contexto, se destacará el papel estratégico y complementario de ambas tecnologías. Mientras las FinTech reconfiguran la oferta de servicios financieros, las SupTech emergen como herramientas clave para que los entes reguladores puedan ejercer un monitoreo eficaz sobre un ecosistema cada vez más digitalizado. Se estudiará cómo la implementación de SupTech puede optimizar la recolección y análisis de datos, facilitar la identificación temprana de riesgos sistémicos y fortalecer la protección al consumidor, contrastando el estado de desarrollo de estas tecnologías en la República Dominicana con las experiencias de jurisdicciones como México y Brasil.

Asimismo, se examinarán las vulnerabilidades a las que están expuestos los usuarios dentro de este ecosistema dual, particularmente en lo concerniente a la protección de datos personales, la ciberseguridad y la asimetría de la información; problemáticas que deben ser atendidas tanto por las entidades FinTech y que puede ser corregido con el uso de las SupTech. Se analizará, además, la superposición de competencias entre ProUsuario y ProConsumidor, así como la carencia de un régimen sancionador claro y eficaz para aquellas FinTech que operan fuera del perímetro regulatorio tradicional.

Finalmente, se ofrecerá una visión integral de esta evolución paralela, evaluando los enfoques regulatorios adoptados en jurisdicciones clave como Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina, con el objetivo de identificar buenas prácticas y desafíos comunes. También se profundizará en el marco normativo dominicano, examinando la interacción entre la Ley Monetaria y Financiera y las normativas sobre competencia, protección de datos y ciberseguridad, y se analizará cómo este entramado jurídico incide en la sinergia (o la falta de ella) entre el desarrollo del sector FinTech y la modernización de la supervisión financiera en el país.